Paraná
viernes, 18 de mayo de 2018
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OPINIÓN

La ciudad equilibrada es posible

Fecha: 18/05/2018  Hora: 11:37  

- Paraná es una ciudad de fuertes contrastes sociales y urbanos; El desafío es equilibrar la ciudad con planificación, participación y gestión



Por Abelardo Llosa

En general las ciudades argentinas tienen áreas centrales con mayor densidad de población y áreas periféricas con menor densidad. Esta configuración es razonable en la medida en que no resulte en un desequilibrio tal que ponga en riesgo la sostenibilidad ambiental y social en cada una de ellas. Es decir que la densificación extrema resulta tan poco deseable como la infinita expansión periférica de la ciudad con muy baja densidad.

En mi opinión, basada en la observación y análisis de varios procesos de desarrollo urbano en Argentina, un modelo deseable de ciudad de la escala de Paraná es aquel en que exista una densidad neta promedio de entre 80 y 90 habitantes por hectárea (densidad media), con áreas centrales entre 250 y 350 hab/ha y periferias consolidadas entre 70 y 80 hab/ha. Sin embargo actualmente Paraná tiene una densidad neta promedio del orden de 45 hab/ha (baja densidad), con picos concentrados en el área central, los asentamientos informales y los conjuntos de vivienda social de 350 y 400 hab/ha (alta densidad) y con extensas zonas en la periferia de 20 a 50 hab/ha (baja densidad).

Esto genera dos problemas: por un lado la baja densidad extendida en la periferia, que dificulta la provisión de infraestructuras y servicios y no cuenta con áreas centrales cercanas, y por otro, la presión sobre las áreas mejor consolidadas de la ciudad (centro cívico, centro histórico y cercanías del Parque Urquiza) que aumenta su densidad poblacional, incrementa el caudal de tránsito vehicular y la demanda de servicios públicos, y genera cambios en el entorno urbano por la verticalización de las edificaciones con sus efectos derivados.

Si focalizamos la mirada en los edificios en altura, podemos decir que un edificio de 10 pisos en un lote de 450 m2 puede albergar entre 30 y 40 departamentos con un promedio de entre 3 y 4 habitantes cada uno. Esto implicaría, en caso de repetirse en toda la manzana, una densidad aproximada de 2.000 hab/ha. Uno de 5 pisos en similar terreno implicaría1.000 hab/ha y uno de 3 pisos implicaría 600 hab/ha. Cuando a estos valores brutos calculados sobre las parcelas se los considera además en relación al espacio público (calles, plazas, parques) las densidades se denominan netas y descienden a la mitad aproximadamente, según la zona.

Un edificio de más de 10 pisos en un lote urbano promedio, reemplazando a una vivienda unifamiliar de planta baja, implica una densificación instantánea y concentrada, que si se repite como modelo de desarrollo en un sector puede resultar poco sostenible si no existe suficiente capacidad de prestación de los servicios en las infraestructuras y calles en condiciones de absorber el incremento en el transito sin perder calidad de servicio. Algunas infraestructuras públicas pueden ampliarse (agua, gas, electricidad, cloacas) para ampliar la capacidad constructiva y la densidad habitacional. Sin embargo, esto es una posibilidad limitada y no es la única variable a considerar. En un análisis más amplio debería abordarse la cuestión del espacio público y el equipamiento disponible en el entorno, la afectación al patrimonio arquitectónico, la modificación del asoleamiento y la ventilación de los linderos, el incremento de las descargas pluviales, el incremento en el tránsito, el retiro de árboles añosos, entre otros efectos acumulativos. Es decir, es necesario mantener el equilibrio entre densidad poblacional y calidad ambiental de un sector.

Asimismo, resultan poco sostenibles como modelo de desarrollo urbano los loteos en zonas casi rurales, con mínimos servicios públicos, sin transporte público, sin comercios ni actividades típicas de las áreas centrales y que se van ocupando con viviendas unifamiliares, con gran esfuerzo familiar a lo largo de extensos periodos de tiempo, para finalmente alcanzar bajísimas densidades de población que hacen muy difícil llevar el transporte público, los servicios y los equipamientos sociales necesarios para un hábitat digno. Este modelo es en general el que utilizan desde hace algunas décadas los sectores medios y jóvenes para acceder a la casa propia, dado el alto valor de una casa o un departamento en la ciudad consolidada cerca del centro.

Por todo lo dicho, el enfoque hacia el futuro ha de ser el de buscar una ciudad con densidades más equilibradas y mejor distribuidas, evitando los extremos.

Para ello, no solo es necesario limitar las alturas de los edificios en ciertos sectores (preferidos por su localización como las cercanías del Parque Urquiza) a fin de evitar que se afecten las buenas condiciones ambientales existentes, sino que también es necesario corregir el crecimiento por extensión de baja densidad en las periferias, sin servicios públicos y sin los beneficios de la centralidad y de un gran parque cercano.

Complementariamente a toda limitación, resulta necesario promover las situaciones deseables:
• Impulsar la edificación sobre inmuebles ociosos dentro de la mancha urbana (inmuebles estos que deberían pagar una tasa diferencial más alta mientras estén sub-ocupados).
• Promover la densificación controlada en la ciudad, por ejemplo, con edificios no más altos que el ancho de la calle a la que son frentistas, es decir 3 o 4 pisos altos en calles de 15 metros de ancho y 8 o 9 pisos en avenidas anchas y sectores específicos;
• Establecer para las nuevas urbanizaciones la exigencia de contar con todas las infraestructuras básicas y tener continuidad territorial con la mancha urbana existente.
• Facilitar la pronta edificación en los nuevos loteos mediante créditos hipotecarios a tasas razonables o sistemas de ahorro colectivo.
• Mejorar las condiciones del hábitat de los asentamientos precarios y atender el problema del hacinamiento, llevar infraestructura a la periferia y mejorar los entornos de los grandes conjuntos de viviendas como Lomas del Mirador, Paraná V, Paraná XX, entre otros tantos.

Pero por sobre todo ello, resulta estratégico el desarrollo de nuevas centralidades atractivas en la ciudad. Es decir llevar los beneficios de la centralidad (cajeros automáticos, comercios, veredas transitables, bares, consultorios, escuelas, peatonales, espacios públicos verdes, alumbrado, seguridad, transporte público) a diferentes sectores de la ciudad, y no solo saturar la única centralidad que hasta ahora tenemos, que dicho sea de paso, va perdiendo su patrimonio arquitectónico y calidad ambiental día a día.

Esto sería posible desarrollando, con planificación y criterios de sostenibilidad ambiental, algunas de las grandes áreas ociosas o subutilizadas que existen en la ciudad y que cuentan con infraestructura pública instalada, transporte público cercano, anchos de calles generosos y espacios verdes abiertos para constituir parques urbanos. Entre otros, es el caso del ex hipódromo, la ex estación de ferrocarril, el ex frigorífico en La Floresta, los bordes del Parque Varisco, etc.

Con planificación e inversión pública es posible poner en valor áreas de la ciudad que resultarían atractivas para vivir y rentables para la construcción de viviendas y localización de comercios atrayendo la inversión privada y quitando presión al centro cívico y el entorno del Parque Urquiza, que parecen ser hoy los únicos sectores proveedores de rentabilidad para poner un ladrillo sobre otro.

Para todo ello, es necesario cambiar las reglas de juego, es decir las normas urbanísticas que rigen en la ciudad y que hoy dan el marco de legalidad en el que se basan la mayoría de los emprendimientos. Es necesario avanzar en la elaboración de un Plan Urbano (estrategia general de desarrollo de la ciudad) que dé lugar luego a una adecuación de las ordenanzas que regulen y promuevan ese proyecto de ciudad más equilibrada, tales como el Código urbano, Reglamento de edificación, Plan director de movilidad y transporte, Plan de obras públicas, entre otras. Esta tarea es una responsabilidad del Poder Ejecutivo y Legislativo local, con participación social informada. No de la Justicia, que tiene otro rol en el proceso de desarrollo urbano.

El desafío es entonces equilibrar la ciudad. Es decir, ampliar las condiciones de “centralidad” fortaleciendo nuevas áreas atractivas y promover la densificación sostenible y controlada de la ciudad, evitando los extremos de muy alta y muy baja densidad que no contribuyen a lograr una ciudad equitativa y sostenible como la que todos deseamos.

Abelardo LLosa. Arquitecto.
Matricula CAPER 11.532


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